Octubre de 2009, DF.
Dios parado en un horizonte,
oculto y sin gesto,
se entera de todo lo que
no queremos que sepa.
Nos lee la mente con morbo,
a cada uno, a diario,
día y noche ahí parado,
y de cada rincón de nuestra cabeza
sabe todo:
a qué hora comemos
a qué hora leemos
con quién dormimos
a qué hora cagamos
a quién queremos coger.
Por quién vamos a votar.
Dios parado en un horizonte,
oculto y sin gesto
leyendo a Kerouac,
como gallo que no anuncia nada,
policía del aire,
un fiscal deleznable.
Hasta que un leve vaho de diablo
le dice que se vaya a descansar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario