jueves, 2 de mayo de 2013

Río sin piedra



No hay ruido a la distancia.
El arbusto lúgubre apenas se asoma.
No hay cancioncita de azulejo,
si acaso, dos flores vivísimas
que vigilan la pradera y la maraña.

Mujer acorazada en la hierba
se desenreda lenta
en los ojos del anciano.
El ruido somos sólo dos y uno:
agua indómita que se burla
y juega a descender.
Y nada.