Lo que brota de la ruina
desmorona al tiempo.
Igual de viejos que el aire
que la emancipa y la perfecciona,
aquí frente a ella estamos,
casi paralelos,
semejantes pero ajenos,
lejanos pero conocidos,
apenas nos separa una brecha
de evoluciones y números mustios.
La ruina se encuentra viva en el presente del futuro,
huérfana del pasado silente y su crepitar seco:
en la mente que acaba de distraer este segundo.